29.3.07

Altman conversa con Carver

En 1993 el fallecido realizador nortamericano Robert Altman estrenó otra película multiestelar, Short Cuts. La idea de la película surgió de la lectura de distintos cuentos de Raymond Carver, que el director decidió adaptar libremente, buscando mantener su espíritu más que pretendiendo una transcripción a imágenes. Años después ha sido editado en español un libro (Short Cuts. Vidas Cruzadas) que compila los cuentos de Carver utilizados para el film con un prólogo del realizador en el que cuenta la génesis y el desarrollo de la película, y explica sus intenciones. Extraigo algunos párrafos de esa introducción:

Los personajes narran muchas cosas a lo largo de la película, cuentan pequeñas historias acerca de sus vidas. Muchas de ellas son de Carver, o paráfrasis de las de Carver, o están inspiradas en ellas, pues siempre procuramos ser los más fieles posibles a su mundo, teniendo en cuenta el imperativo de colaboración de la película.
Por su parte, los actores se percataron también de que los detalles de los que hablan esas gentes de Carver no son lo principal. Los elementos parecían fleixbles. Podían estar hablando de cualquier cosa. Sin embargo, ello no significa que el lenguaje no fuera importante, sino más bien que el tema no tenía por qué ser X, Y o Z: podía ser Q, P o H.
La cuestión que determina cómo responde la gente a lo que se está diciendo es quién es. No es lo que están diciendo lo que provoca que la escena tenga lugar sino el hecho de que esos personajes estén interpretando la escena en cuestión. De modo que, estén hablando de cómo preparar un emparedado de mantequilla de cacahuate o de cómo asesinar al vecino, el contenido no es tan importante como lo que sienten y hacen los personajes dentro de esa situación, el cómo se van desarrollando.
Estos párrafos pueden tener mucho o nada que ver con algo que dijo Carver en una entrevista que encontré por ahí:
Estoy en contra de los trucos que atraen la atención hacia sí mismos, que intentan ser ingeniosos o simplemente abstrusos. El escritor no debe perder a vista el argumento. No me interesan las obras que son todas textura y nada de carne y hueso. Supongo que soy lo suficientemente anticuado para sentir que el lector debe sentirse afectado al nivel humano. Y que todavía hay, o debe hacer, una unión entre escritor y lector. La literatura, o cualquier forma de labor artística, no es sólo expresión, es comunicación. Cuando a un escritor deja de interesarle realmente comunicar algo y sólo tiene como objetivo expresar algo, y ni siquiera muy bien, pues puede expresarse saliendo a la esquina y dando voces. Un relato o un poema o una novela tiene que dar unas cuantas bofetadas emocionales. Se puede juzgar la obra por la fuerza que tengan estas bofetadas y cuántas dé. Si se trata sólo de un montón de viajes mentales o juegos, no me interesa. Las obras así son pura paja: las llevará el viento a la primera ocasión.

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24.3.07

El metateatro y Pirandello

Bruce Wardropper explica a la literatura metateatral de la siguiente manera:

estas obras son versiones dramáticas de la situación fundamental que ya notamos en el Quijote. Los personajes del metateatro tienen una plena conciencia de ser entes de ficción. Muévense en una acción más bien pensada que sucedida. El metateatro es un arte dramático consciente de ser esencialmente arte, sin ser obviamente una "imitación de la naturaleza". Se funda en metáforas poéticas trasladadas a la acción y estructuradas con dimensiones plásticas. Pasando revista a una gran cantidad de obras desde las de Sófocles hasta las de Brecht, concluye Abel que en todas ellas predominan dos metáforas: la vida es sueño; y el mundo es teatro.
La genial obra teatral de Luigi Pirandello Seis Personajes en Busca de un Autor normalmente es tomada como referente en los estudios del recurso. A continuación podemos leer un extracto del prefacio (que recomiendo leer completo) que Pirandello escribió para la pieza, en el que desarrolla un poco la idea.

Pues bien, esta criadita, Fantasía, tuvo hace ya muchos años la perversa inspiración o el desafortunado capricho de llevar a mi casa a toda una familia, no sé de dónde ni cómo recogida, pero de quienes ella pensaba que yo habría podido sacar el tema para una magnífica novela.

Me encontré a un hombre que rondaba los cincuenta años, vestido con chaqueta negra y pantalón claro, de un aire tenso y de ojos malhumorados por alguna mortificación; a una pobre mujer con vestido de luto, que agarraba con la mano a una chiquilla de cuatro años y con la otra a un niño de poco más de diez; a una muchacha osada y procaz, también vestida de negro pero con una ostentación equívoca y agresiva, toda ella una crispación arrogante e incisiva dirigida contra aquel viejo mortificado y contra un veinteañero que permanecía aparte y ensimismado, como si despreciara a todos.

En resumen, aquellos seis personajes que suben al escenario al principio de la comedia. O bien uno u otro, pero con frecuencia uno desautorizando al otro, empezaban a contarme sus tristes asuntos, cada uno gritando sus razones, aventándome en la cara sus descontroladas pasiones, casi del mismo modo como ahora lo hacen en la comedia con el desdichado Director.

¿Qué autor podrá contar alguna vez cómo y por qué un personaje nació en su fantasía? El misterio de la creación artística es el mismo misterio del nacimiento. Puede ser que una mujer, amando, desee convertirse en Madre, pero el deseo por sí sólo, por más intenso que sea, no basta. Un afortunado día ella será Madre, sin advertir de manera precisa la concepción. De igual modo un artista, viviendo, recibe muchos motivos de la vida, y no puede jamás decir cómo y por qué, en determinado momento, uno de estos motivos vitales entra en su fantasía y se convierte en una criatura viva, en un plano de vida superior a la voluble existencia diaria.

Sólo puedo decir que sin saber que los había buscado me encontré delante de aquellos seis personajes, tan vivos como para tocarlos, como para oírlos respirar, que ahora se pueden ver en escena. Y aguardaban, allí presentes, cada uno con su secreta tortura y unidos por el nacimiento y desarrollo de sus mutuos percances, que yo los introdujera en el mundo del arte, haciendo de ellos, de sus pasiones y de sus casos una novela, un drama o, por lo menos, un relato.

Habían nacido vivos y querían vivir.
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21.3.07

El cuerpo y el sexo, según Baudrillard


Parece que falleció Jean Baudrillard. No quería dejar pasar la oportunidad de recordarlo y, por eso, transcribo algunas frases de La transparencia del mal. Ensayo sobre los fenómenos extremos.

En la época de la liberación sexual, la consigna fue el máximo de sexualidad con el mínimo de reproducción. Hoy, el sueño de una sociedad clónica sería más bien el inverso: el máximo de reproducción con el menor sexo posible. Tiempo atrás, el cuerpo fue la metáfora del alma, después fue la métafora del sexo, hoy ya no es la metáfora de nada, es el lugar de la metástasis, del encadenamiento maquinal, de todos sus procesos, de una programación al infinito sin organización simbólica, sin objetivo trascendente, en la pura promiscuidad por sí misma que también es la de las redes y los circuitos integrados.

[...] La economía convertida en transeconomía, la estética convertida en transestética y el sexo convertido en transexual convergen conjuntamente en un proceso transversal y universal en el que ningún discurso podría ser ya la metáfora del otro, puesto que, para que exista metáfora, es preciso que existan unos campos diferenciales y unos objetos distintos.

[...] La inmunidad, la diferencia sexual y, por consiguiente, la misma sexualidad se pierden en el todo sexual.

[...] Así pues, mantenemos la huella de una sexualidad sin rostro, infinitamente diluída en el caldo de cultivo político, mediático, comunicacional, y finalmente en el desencadenamiento viral del sida.


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