Para saber más sobre los últimos cambios en Dispersiones Burguesas, pueden leer este post.
Por un tiempo, no creo que regrese por este blog.
De a poco, estoy construyendo un nuevo blog personal. Sigo con mi blog de cine.
De a poco, estoy construyendo un nuevo blog personal. Sigo con mi blog de cine.
Uno de los ejemplares más pequeños de mi biblioteca hoy descubrí que es La Gatomaquia de Lope de Vega. Agustín del Campo, prologuista de esta edición de 1948, lo describe como un "curioso poemita jocoso". Luego agrega: "Simplemente la divagación juguetona y fantástica de un creador que está dotado de inmensos recursos naturales". Y finalmente resume el argumento: "fugaces amores de Marramaquiz y Zapaguilda; ingratitud de la hermosa gata al entenderse con el gallardo Mizifuz, el desdeñado galán rapta a la novia poco momentos antes de celebrarse la boda de la infiel; guerra entre los ejércitos de Mizifuz y Marramaquiz; muerte desgraciada de éste; desenlace venturoso para los antes contrariados amantes". En fin, estamos ante una especie de poesía épica sobre gatos, y aquí selecciono un fragmento (del inicio de la Silva Tercera).
Distaba de los polos igualmentela máscara del Sol, y Cinosura,
primera cuadrilátera figura,
con la estrella luciente
que mira el navegante
bordaba la celeste arquitectura;
velaba todo amante
por el silencio de la noche oscura,
y en el indiano clima el Sol ardía,
en dos mitades dividido el día,
cuando, gallardo, Mizifuz valiente
que sangrada en la cama
la tuvo el accidente
dos días, que faltó el sol al tejado
y estuvo la cocina sin cuidado,
mas por el sobresalto de los celos.
Iba, galán y bravo,
un cucharón sin cabo
destos de yerro, de sacar buñuelos,
por casco en la cabeza
(que en ella tienen la mayor flaqueza,
pues no suelen morir de siete heridas,
por quien dice que tiene siete vidas,
y un golpe en la cabeza los atonta;
así la tienen a desmayos pronta);
broquel de cobertera,
espada de a caballo que antes era
cuchillo viejo de limpiar zapatos,
que él solía llamar timebunt gatos
y por las manchas de los pies y el anca,
natural media blanca,
y capa, de un bonete colorado,
abierto por un lado;
plumas, plumas de un pardo gorrión, cogido
por ligereza, pero no por arte.
Aún ante quienes dudan de la capacidad de los artilugios, de la puesta de Renán, de cargar un planteo subyacente, y los acusen de estar fuera del registro de la adaptación y de ser vano virtuosismo, yo sostengo que son las más visibles claves para comprender alguno de los sentidos propuestos en la versión de Un enemigo del pueblo que el director argentino presenta en Buenos Aires. Luego del climax, el escenario de la Sala Martín Coronado se abre al medio y permite que emerja la escenografía del próximo acto: de la puesta del puerto a la puesta del interior de la casa. El hogar, que al comienzo de la obra había acogido al brindis y las reflexiones privadas, interrumpe la cosa pública, la discusión entre el pueblo y su enemigo; y, tal vez como reacción natural, al final, lo público muestra su presencia amenazante en lo privado. Las paredes de la casa se desvanecen y del otro lado está el pueblo, observando a la familia que se abraza en el centro de las tablas.
Mucho se ha dicho sobre Un enemigo del pueblo, y rescato alguna que otro párrafo. Pepe Eliaschev comentó: "Lo necio tiene prestigio. Y no es un invento argentino, como pude ratificar esta semana tras el estreno de la nueva versión de Enemigo del pueblo, la obra del noruego Henryk Ibsen resignificada por la inteligente puesta de Sergio Renán. En ella, dos hermanos chocan con estentórea beligerancia bíblica. ¿Es acaso el siniestro intendente del pueblo, Pedro Stock-mann, un sanguinario Caín y el afable médico de familias Tomás Stockmann un apacible Abel? Ese Pedro, que compone con dureza soberbia y entrañable Alberto Segado, impone un camino crítico truculento: el pueblo que gobierna será engañado y seguirá ignorando que yace junto a las aguas venenosas de una playa contaminada. Generoso y puro, de una pureza exasperante, Tomás, compuesto por Luis Brandoni con una contundente, densa y admirable autoridad escénica, ha sido pensado por Ibsen como un casi necio: será todo o nada, no concebirá ninguna salida que signifique aliviar el choque de los planetas."
Para Lix, "el momento en que reconocemos quién es el enemigo del pueblo para la gente de ese pequeño lugar, y que no es aquel que nosotros pensábamos, es un momento en que el Dr. Stockmann está parado frente a nosotros, y quienes lo acusan son confundidos con nosotros, somos una misma masa de gente a quien le dirige la palabra. Este fragmento de composición espacial es esencial en la puesta de Renán, ya que nos sitúa directamente en el interior de la pieza."
Dice Guillermina Constantini: "Sergio Renán, director y adaptador, conservó la estructura original de la obra en cinco actos con sus tres cambios de escena, pero recortó y retocó parlamentos para acortar, dinamizar y cotidianizar el texto. En función de esta impronta, trasladó la acción a una época imprecisa entre la década del cuarenta y el cincuenta, y modificó el ámbito en que se desarrolla el ya célebre y crucial cuarto acto: la Asamblea convocada por el Dr. Stockmann para informar a sus conciudadanos pasa a desarrollarse ya no en un ámbito privado sino en el puerto y en una noche brumosa. La resolución escenográfica de este acto potencia la fuerza que ya de por sí tiene el enfrentamiento entre el doctor, el alcalde y la multitud presente y que esta versión ha sabido respetar."
Transcribo el apartado que Julían Marías le dedica a Los Cínicos en su Historia de la Filosofía:El fundador de la escuela cínica fue Antístenes, un discípulo de Sócrates, que fundó un gimnasio en la plaza del Perro ágil, y de ahí el nombre de cínicos (perros o, mejor, perrunos) que se dio a sus adeptos, y que éstos aceptaron con cierto orgullo. El más conocido de los cínicos es el sucesor de Antístenes, Diógenes de Sinope, famoso por su vida extravagante y ciertas pruebas de ingenio, que vivió en el siglo IV.
Los cínicos exageran y extreman la doctrina socrática de la eudaimonía o felicidad, y además le dan un sentido negativo. En primer lugar, la identifican con la autarquía o suficiencia; en segundo término, encuentran que el camino para lograrla es la supresión de las necesidades. Esto trae como consecuencia una actitud negativa ante la vida entera, desde los placeres materiales hasta el Estado. Sólo queda como valor estimable la independencia, la falta de necesidades y la tranquilidad. El resultado de esto es, naturalmente, el mendigo. El nivel de vida desciende, se pierde todo refinamiento, toda vinculación a la ciudad y a la cultura. y, en efecto, Grecia se llenó de estos mendigos de pretensiones más o menos filosóficas, que recorrían como vagabundos el país, sobrios y desaliñados, pronunciando discursos morales y cayendo con frecuencia en el charlatanismo.
La doctrina cínica, si existe, es bien escasa; es más bien la renuncia a toda teoría, el desdén por la verdad. Sólo importa lo que sirve para vivir, se entiende, al modo cínico. El bien del hombre consiste simplemente en vivir en sociedad consigo mismo. Todo lo demás, el bienestar, las riquezas, los honores y sus contrarios, no interesa. El placer de los sentidos y el amor son lo peor, lo que más hay que rehuir. El trabajo, el ejercicio, el comportamiento ascético, es lo único deseable. Como el cínico desprecia todo lo que es convención y no naturaleza, le es indiferente la familia y la patria, y se siente kosmopolites, ciudadano del mundo. Es la primera aparición importante del cosmopolitismo, que va a gravitar tan fuertemente en el mundo helenístico y romano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


