17.9.07

Lope de Vega entre gatos

Uno de los ejemplares más pequeños de mi biblioteca hoy descubrí que es La Gatomaquia de Lope de Vega. Agustín del Campo, prologuista de esta edición de 1948, lo describe como un "curioso poemita jocoso". Luego agrega: "Simplemente la divagación juguetona y fantástica de un creador que está dotado de inmensos recursos naturales". Y finalmente resume el argumento: "fugaces amores de Marramaquiz y Zapaguilda; ingratitud de la hermosa gata al entenderse con el gallardo Mizifuz, el desdeñado galán rapta a la novia poco momentos antes de celebrarse la boda de la infiel; guerra entre los ejércitos de Mizifuz y Marramaquiz; muerte desgraciada de éste; desenlace venturoso para los antes contrariados amantes". En fin, estamos ante una especie de poesía épica sobre gatos, y aquí selecciono un fragmento (del inicio de la Silva Tercera).

Distaba de los polos igualmente
la máscara del Sol, y Cinosura,
primera cuadrilátera figura,
con la estrella luciente
que mira el navegante
bordaba la celeste arquitectura;
velaba todo amante
por el silencio de la noche oscura,
y en el indiano clima el Sol ardía,
en dos mitades dividido el día,
cuando, gallardo, Mizifuz valiente
que sangrada en la cama
la tuvo el accidente
dos días, que faltó el sol al tejado
y estuvo la cocina sin cuidado,
mas por el sobresalto de los celos.
Iba, galán y bravo,
un cucharón sin cabo
destos de yerro, de sacar buñuelos,
por casco en la cabeza
(que en ella tienen la mayor flaqueza,
pues no suelen morir de siete heridas,
por quien dice que tiene siete vidas,
y un golpe en la cabeza los atonta;
así la tienen a desmayos pronta);
broquel de cobertera,
espada de a caballo que antes era
cuchillo viejo de limpiar zapatos,
que él solía llamar timebunt gatos
y por las manchas de los pies y el anca,
natural media blanca,
y capa, de un bonete colorado,
abierto por un lado;
plumas, plumas de un pardo gorrión, cogido
por ligereza, pero no por arte.

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10.7.07

Un enemigo del pueblo, según Renán

Aún ante quienes dudan de la capacidad de los artilugios, de la puesta de Renán, de cargar un planteo subyacente, y los acusen de estar fuera del registro de la adaptación y de ser vano virtuosismo, yo sostengo que son las más visibles claves para comprender alguno de los sentidos propuestos en la versión de Un enemigo del pueblo que el director argentino presenta en Buenos Aires. Luego del climax, el escenario de la Sala Martín Coronado se abre al medio y permite que emerja la escenografía del próximo acto: de la puesta del puerto a la puesta del interior de la casa. El hogar, que al comienzo de la obra había acogido al brindis y las reflexiones privadas, interrumpe la cosa pública, la discusión entre el pueblo y su enemigo; y, tal vez como reacción natural, al final, lo público muestra su presencia amenazante en lo privado. Las paredes de la casa se desvanecen y del otro lado está el pueblo, observando a la familia que se abraza en el centro de las tablas.

Mucho se ha dicho sobre Un enemigo del pueblo, y rescato alguna que otro párrafo. Pepe Eliaschev comentó: "Lo necio tiene prestigio. Y no es un invento argentino, como pude ratificar esta semana tras el estreno de la nueva versión de Enemigo del pueblo, la obra del noruego Henryk Ibsen resignificada por la inteligente puesta de Sergio Renán. En ella, dos hermanos chocan con estentórea beligerancia bíblica. ¿Es acaso el siniestro intendente del pueblo, Pedro Stock-mann, un sanguinario Caín y el afable médico de familias Tomás Stockmann un apacible Abel? Ese Pedro, que compone con dureza soberbia y entrañable Alberto Segado, impone un camino crítico truculento: el pueblo que gobierna será engañado y seguirá ignorando que yace junto a las aguas venenosas de una playa contaminada. Generoso y puro, de una pureza exasperante, Tomás, compuesto por Luis Brandoni con una contundente, densa y admirable autoridad escénica, ha sido pensado por Ibsen como un casi necio: será todo o nada, no concebirá ninguna salida que signifique aliviar el choque de los planetas."

Para Lix, "el momento en que reconocemos quién es el enemigo del pueblo para la gente de ese pequeño lugar, y que no es aquel que nosotros pensábamos, es un momento en que el Dr. Stockmann está parado frente a nosotros, y quienes lo acusan son confundidos con nosotros, somos una misma masa de gente a quien le dirige la palabra. Este fragmento de composición espacial es esencial en la puesta de Renán, ya que nos sitúa directamente en el interior de la pieza."

Dice Guillermina Constantini: "Sergio Renán, director y adaptador, conservó la estructura original de la obra en cinco actos con sus tres cambios de escena, pero recortó y retocó parlamentos para acortar, dinamizar y cotidianizar el texto. En función de esta impronta, trasladó la acción a una época imprecisa entre la década del cuarenta y el cincuenta, y modificó el ámbito en que se desarrolla el ya célebre y crucial cuarto acto: la Asamblea convocada por el Dr. Stockmann para informar a sus conciudadanos pasa a desarrollarse ya no en un ámbito privado sino en el puerto y en una noche brumosa. La resolución escenográfica de este acto potencia la fuerza que ya de por sí tiene el enfrentamiento entre el doctor, el alcalde y la multitud presente y que esta versión ha sabido respetar."
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29.6.07

Los cínicos, primeros ciudadanos del mundo

Transcribo el apartado que Julían Marías le dedica a Los Cínicos en su Historia de la Filosofía:

El fundador de la escuela cínica fue Antístenes, un discípulo de Sócrates, que fundó un gimnasio en la plaza del Perro ágil, y de ahí el nombre de cínicos (perros o, mejor, perrunos) que se dio a sus adeptos, y que éstos aceptaron con cierto orgullo. El más conocido de los cínicos es el sucesor de Antístenes, Diógenes de Sinope, famoso por su vida extravagante y ciertas pruebas de ingenio, que vivió en el siglo IV.

Los cínicos exageran y extreman la doctrina socrática de la eudaimonía o felicidad, y además le dan un sentido negativo. En primer lugar, la identifican con la autarquía o suficiencia; en segundo término, encuentran que el camino para lograrla es la supresión de las necesidades. Esto trae como consecuencia una actitud negativa ante la vida entera, desde los placeres materiales hasta el Estado. Sólo queda como valor estimable la independencia, la falta de necesidades y la tranquilidad. El resultado de esto es, naturalmente, el mendigo. El nivel de vida desciende, se pierde todo refinamiento, toda vinculación a la ciudad y a la cultura. y, en efecto, Grecia se llenó de estos mendigos de pretensiones más o menos filosóficas, que recorrían como vagabundos el país, sobrios y desaliñados, pronunciando discursos morales y cayendo con frecuencia en el charlatanismo.

La doctrina cínica, si existe, es bien escasa; es más bien la renuncia a toda teoría, el desdén por la verdad. Sólo importa lo que sirve para vivir, se entiende, al modo cínico. El bien del hombre consiste simplemente en vivir en sociedad consigo mismo. Todo lo demás, el bienestar, las riquezas, los honores y sus contrarios, no interesa. El placer de los sentidos y el amor son lo peor, lo que más hay que rehuir. El trabajo, el ejercicio, el comportamiento ascético, es lo único deseable. Como el cínico desprecia todo lo que es convención y no naturaleza, le es indiferente la familia y la patria, y se siente kosmopolites, ciudadano del mundo. Es la primera aparición importante del cosmopolitismo, que va a gravitar tan fuertemente en el mundo helenístico y romano.

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9.6.07

Letras de periodista para egos políticos

Dado que esta semana hemos celebrado silenciosamente el día del Periodista, y dado los amables comentarios que aquí hemos recibido, hoy golpeo a la vagancia (o al desánimo) para compartir una entrada del Diccionario ilustrado de anécdotas de Vicente Vega (tesoro de mi biblioteca):

Luis Morote (1876-1913) fué uno de los periodistas más inteligentes y que mejor escribieron en la Prensa española de su época. En sus entrevistas con personajes, particularmente del mundo político, que era su especialidad, después de describir el ambiente que rodeaba al personaje en cuestión, ambiente que la pluma de Morote divinizaba, poníase a reproducir las palabras de aquel señor, que en realidad no eran sino las palabras que Morote escribía en bello estilo y con profundidad de pensamiento y lejanamente afines a las que habían brotado del personaje de tanda. Éste quedaba satisfechísimo, al ver publicada la información, y comentaba: "--Lo que me asombra es la fidelidad con que Morote recogió mis palabras. ¡Ni que fuese taquígrafo...!"
Cuando Morote publicó un libro donde recopiló varios de esos reportajes, su ilustre paisano, el gran novelista Blasco Ibáñez, al agradecerle el envío de un ejemplar de dicha obra, le decía: "En su sazón había leído tus reportajes, que he vuelto a repasar con verdadero deleite. Eres tan prodigioso como Esopo, porque haces hablar a los animales."
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7.5.07

Una alegoría de Vermeer

En esta oportunidad, jugamos a citar a estudiosos del pintor holandés Johannes Vermeer con tal de dispersarnos a través de una, o el resto, de sus obras. "Generalmente, se considera que Vermeer pintó tres obras alegóricas: El arte de la pintura (donde la modelo de pie, que sería 'Clio', representa a la fama) la Alegoría de la Fe y Mujer con balanza. Ha sido difícil de acordar el significado preciso de las mismas", explica el sitio Essential Vermeer. Acerca de la primera, A. González García dice: "Desde el pesado cortinón y la silla en primerísimo plano, como nosotros mismos, como un 'fotógrafo furtivo', el holandés vio y 'tomó' esta vivencia que parece 'robada' en un instante".

Por su parte, Miguel Moliné Escalona afirma: "Las pinturas de Vermeer están pintadas desde alguien que mira: ese sujeto virtual queda señalado por los motivos que obstaculizan mi presencia, una mesa, una silla, un tapiz, el enlosado del suelo, un instrumento musical, incluso, como en Oficial y mujer joven sonriendo (Entre 1655 y 1660), la espalda del caballero. En una ocasión ese sujeto adquiere una personalidad concreta: en El arte de la pintura (hacia 1665-66) es el propio pintor, pero el pintor elegantemente vestido, está de espaladas, carece de rostro, es anónimo..., su rostro no es más que lo que se ve, lo que pinta, lo que vemos".

Finalmente, agregamos las palabras de Alicia Cámara: "El arte de la pintura estaba en su casa cuando murió, y Vermeer, al igual que su viuda, la debió estimar muy especialmente. Es una obra maestra en cuanto a técnica, composición, luz y color. Utiliza distintas técnicas para reflejar la textura de los distintos objetos en una escena que contemplamos desde un lugar oscuro a este lado de la cortina. Por ello la luz adquiere un mayor poder, llegando a la estancia desde nuestra izquierda, como es característico en Vermeer, para iluminar a la bella joven que posa para el pintor. El sistema perspectivo de diagonales del suelo sirve de base a una composición en verticales y horizontales perfectamente equilibrada".
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