14.11.05

Muere Larra, muere

La muerte de Mariano José de Larra (en febrero de 1837) ha generado interés en los minuciosos estudios sobre su vida y su obra. Hubo quienes han llegado a convertirla en ficción, y hoy en ellos nos fijamos. A continuación, palabras extraídas de Románticos y Bohemios de Juan López Núñez; fragmento de un cuento sobre el final de un escritor de 28 años.

Cae la tarde plomiza y negra cuando el criado le dice que acaban de llegar dos señora: son Dolores y una amiga que la acompaña. Dolores pasa al despacho de Larra. Su amiga queda en la habitación contigua. Desde allí les oye hablar. Suplica el hombre. Niega la mujer, que va a romper con él, a que le devuelva todas sus cartas y a que la deje tranquila. Insiste el amante en sus ruegos, y la amada en sus negativas, diciéndole que la olvide y que sea feliz: ¡feliz!...

Llora el poeta, y la mujer, deseosa de poner fin a aquella triste entrevista, la da por terminada con una sola palabra: "¡Adios!", le dice. "¿Adios?", gime el poeta. "¡Adios!", repite la mujer con toda la sequedad de su corazón. Y le da la mano. Larra la mira fijamente. Comprende que aquella mujer no le quiere, que no le ha querido nunca. Haciéndose fuerte, llama al criado, le dice que acompañe a aquellas señoras, que se apresuran a salir como si huyesen. Pero no han llegado todavía al portal cuando se oye un ruido seco, como si hubiese caído algún mueble.
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El teatro tiene dos caras

El dramaturgo y guionista cinematográfico Jorge Goldenberg construyó «Fotos de infancias», su última obra, partiendo de un juego típicamente teatral: los actores se enfrentaron a fotografías de sus propias infancias e improvisaron escenas que desarrollaran los momentos previos y posteriores a la pose fotografiada.

Luego, Goldenberg produjo un texto que, dirigido por su esposa Berta y por Juan Parodi, se transformó en una obra que a la vez desnuda la variedad de procesos interpersonales a través de los cuales se construyen las fotografías, y evidencia los mecanismos por los que se pone en escena un texto teatral.

En «Fotos de infancias» se pone en evidencia el artificio. Cuando el público entra a la sala, se encuentra en presencia de los elementos que compondrán la escenografía y la utilería. Nada está escondido. Unas puertas al fondo del escenario se abren -y permiten ver lo que hay tras bambalinas- y los actores entran cargando el resto de los objetos de utilería.

Los actores son personajes; y los personajes son actores que preparan el escenario para cada uno de los episodios a representar. Arreglan su vestuario, se dan indicaciones, preparan la escenografía, y, cuando no están interpretando a los niños de las fotografías, se quedan sentados a un costado, observando a sus colegas.

El clímax de la obra, en el que los niños que representaban el nacimiento de Cristo se descontrolan bajo la lluvia, es interrumpido por la deserción de los actores, que de a poco abandonan sus papeles de infantes, y es finalizado cuando una de las actrices, moviendo unas poleas, hace descender hasta las mismas tablas el artefacto que creaba el artificio de la lluvia.

Así finaliza la obra, poniendo ante los ojos del espectador hasta aquellos detalles del teatro que suelen estar destinados a permanecer escondidos.
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