4.1.05

Billy Wilder, el film noir de los años sesenta

Seguramente, muchos se verán relativamente sorprendidos si decimos que la película de Billy Wilder Piso de soltero (The Apartment) está ligada a un movimiento previo dentro del cine norteamericano: el film noir. Especialmente, teniendo en cuenta que los listados que proponen las enciclopedias, ciertos críticos y los distribuidores de VHS y DVD, la incluyen dentro del grupo de las comedias románticas (quizás, uno de los géneros más distantes del film noir). De todas maneras, insistiremos en la relación, basándonos en la premisa que propone una reflexión de Tim Dirk: “film noir no es un género, sino el clima, estilo o tono de un film” (“film noir is not a genre, but rather the mood, style or tone of a film”).

Por lo tanto, podríamos comenzar planteándonos si The Apartment, en tanto comedia romántica, expresa la idea o la sensación de un mundo de alegría, esperanzas o ilusiones. No. La película, en cambio, pareciera mostrar “un mundo que es casi universalmente corrupto y moralmente caótico” (“a world that was almost universally corrupt and morally chaotic”), característica que Leonard Quart y Albert Auster, en American film and society since 1945, adjudican al film noir. Prácticamente todo los personajes de The Apartment son exhibidos como corruptos o moralmente ambiguos: los ejecutivos casados tienen amoríos, Baxter (J. Lemmon) soporta esos affaires con tal de conseguir un ascenso, y Fran (S. Mc Laine) se acuesta con uno de los ejecutivos casados. El resto de los empleados de la compañía son presentados de manera similar duante la escena de la fiesta: por unos momentos, el exceso de alcohol, la música, las mujeres bailando sobre los escritorios, las parejas excitadas, transforman a la oficina en una especie de saloon o cabaret.

Simultáneamente, es posible observar en la película esa atmósfera de paranoia, típica del film noir. A Baxter lo aterra la posibilidad de ser despedido (tanto de la compañía como del apartamento), a los ejecutivos los preocupa que sus esposas se enteren de sus amoríos, y Fran teme ser abandonada por su amante.

La tercera temática y el tercer clima que conecta a The apartment con el film noir es la alienación. En una ciudad superpoblada, Baxter, Fran, todos parecen solitarios, alienados. Para ello, Wilder incluye imágenes en las que Baxter es visto terriblemente pequeño e imperceptible, como cuando es rodeado por grandes multitudes o por inmensas escenografías; imágenes en donde él y el resto de las personas parecen autómatas de algún tipo de sistema, como en la larga oficina de techo bajo ocupada por cientos de escritorios; e imágenes en donde se ve a un Baxter solitario, tanto en la sala de su apartamento como en la oscura ciudad.

Además, no deberíamos olvidarnos de indicar que el estilo de este largometraje contiene gran cantidad de elementos del film noir: tonos blanco y negro, una voz que narra, una iluminación ténue, exclusivamente escenas nocturnas o interiores, rostros ensombrecidos, bares llenos de humo, postes de luz, el asfalto mojado, varios espejos, y profunidad de foco, entre otras cosas.
Por tanto, es posible decir que el film noir pudo sobrevivir hasta la década del sesenta, y quizás más, dado que comenzó a ser sólo un conjunto de códigos formales y narrativos, y empezó a moverse a través y alrededor de todo tipo de géneros y temáticas.
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Alan Pauls, el cansancio, el final de "2001"

¿Escribe "bien" Alan Pauls? ¿Ha entrado o entrará algún día al canon de la narrativa argentina? En El pasado, la novela por la que recibió el Premio Herralde, construye un texto plagado de metáforas, paralelísmos, reflexiones e intertextos. Aquí, un fragmento de la mencionada obra, en el que Pauls no escatima palabras para ahondar en la experiencia de Rímini, el personaje central.

"Un cansancio inmenso lo paralizó. No era una cuestión de sueño; tampoco tenía que ver con que hubiera liquidado en dos horas el trabajo que a la profesional de limpieza más expeditiva le habría llevado seis. Era una fatiga inmemorial, histórica, que traducía a eras el puñado de décadas que llevaba vividas y sus últimos días a siglos. Tal vez ése fuera el verdadero cansancio mortal, el único que justififcaba la expresión Estoy muerto –el tipo de cansancio en el que se embarcaban los viejos para ir hacia el fin, o que los empujaba a desearlo con las pocas fuerzas que les quedaban. Sí: era un octogenario –y recordó una escena del final de 2001: Odisea del espacio, cuando, sin nada que lo anticipe, por un simple corte de montaje, el viaje del astronauta y la aceleración psicodélica que lo arrebata dan lugar a un silencioso plano general de una habitación amplia, de paredes muy blancas, tanto que parecen rellenas de luz, en cuyo centro hay una cama y en la cama un hombre, un hombre sentado, inmóvil, en bata y tapado hasta la cintura, cuya cara recién vemos en el plano que sigue, cuando la cámara se acerca y revela el laberinto de estrías en el que el tiempo la ha transformado. Rímini sintió por primera vez que tenía una vida –tenía por fín la riqueza, la variedad, la complejidad, la sedimentación que siempre había buscado en vano en su propia experiencia y que veía florecer con la opulencia insultante en la experiencia de los demás, de cualquiera. Y exactamente en ese momento, cuando podía decir mi vida en voz alta, sin mentir, descubría también que ya no le pertenecía, que esa vida había quedado atrás y formaba parte del pasado y ahora, perdida, amenzaba con sepultarlo. Tenía una vida, pero la comprensión de esa evidencia podía matarlo. Como todos, Rímini había tardado bastante en entender de qué modo la enfermedad o las contingencias del mundo ponían término a las vidas de las personas. Ahora, a esas dos posibilidades –y tal vez todo el misterio del asunto residiera en que eran sólo dos-, tenía que sumar una tercera: el cansancio".
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