24.3.07

El metateatro y Pirandello

Bruce Wardropper explica a la literatura metateatral de la siguiente manera:

estas obras son versiones dramáticas de la situación fundamental que ya notamos en el Quijote. Los personajes del metateatro tienen una plena conciencia de ser entes de ficción. Muévense en una acción más bien pensada que sucedida. El metateatro es un arte dramático consciente de ser esencialmente arte, sin ser obviamente una "imitación de la naturaleza". Se funda en metáforas poéticas trasladadas a la acción y estructuradas con dimensiones plásticas. Pasando revista a una gran cantidad de obras desde las de Sófocles hasta las de Brecht, concluye Abel que en todas ellas predominan dos metáforas: la vida es sueño; y el mundo es teatro.
La genial obra teatral de Luigi Pirandello Seis Personajes en Busca de un Autor normalmente es tomada como referente en los estudios del recurso. A continuación podemos leer un extracto del prefacio (que recomiendo leer completo) que Pirandello escribió para la pieza, en el que desarrolla un poco la idea.

Pues bien, esta criadita, Fantasía, tuvo hace ya muchos años la perversa inspiración o el desafortunado capricho de llevar a mi casa a toda una familia, no sé de dónde ni cómo recogida, pero de quienes ella pensaba que yo habría podido sacar el tema para una magnífica novela.

Me encontré a un hombre que rondaba los cincuenta años, vestido con chaqueta negra y pantalón claro, de un aire tenso y de ojos malhumorados por alguna mortificación; a una pobre mujer con vestido de luto, que agarraba con la mano a una chiquilla de cuatro años y con la otra a un niño de poco más de diez; a una muchacha osada y procaz, también vestida de negro pero con una ostentación equívoca y agresiva, toda ella una crispación arrogante e incisiva dirigida contra aquel viejo mortificado y contra un veinteañero que permanecía aparte y ensimismado, como si despreciara a todos.

En resumen, aquellos seis personajes que suben al escenario al principio de la comedia. O bien uno u otro, pero con frecuencia uno desautorizando al otro, empezaban a contarme sus tristes asuntos, cada uno gritando sus razones, aventándome en la cara sus descontroladas pasiones, casi del mismo modo como ahora lo hacen en la comedia con el desdichado Director.

¿Qué autor podrá contar alguna vez cómo y por qué un personaje nació en su fantasía? El misterio de la creación artística es el mismo misterio del nacimiento. Puede ser que una mujer, amando, desee convertirse en Madre, pero el deseo por sí sólo, por más intenso que sea, no basta. Un afortunado día ella será Madre, sin advertir de manera precisa la concepción. De igual modo un artista, viviendo, recibe muchos motivos de la vida, y no puede jamás decir cómo y por qué, en determinado momento, uno de estos motivos vitales entra en su fantasía y se convierte en una criatura viva, en un plano de vida superior a la voluble existencia diaria.

Sólo puedo decir que sin saber que los había buscado me encontré delante de aquellos seis personajes, tan vivos como para tocarlos, como para oírlos respirar, que ahora se pueden ver en escena. Y aguardaban, allí presentes, cada uno con su secreta tortura y unidos por el nacimiento y desarrollo de sus mutuos percances, que yo los introdujera en el mundo del arte, haciendo de ellos, de sus pasiones y de sus casos una novela, un drama o, por lo menos, un relato.

Habían nacido vivos y querían vivir.

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