Altman conversa con Carver
En 1993 el fallecido realizador nortamericano Robert Altman estrenó otra película multiestelar, Short Cuts. La idea de la película surgió de la lectura de distintos cuentos de Raymond Carver, que el director decidió adaptar libremente, buscando mantener su espíritu más que pretendiendo una transcripción a imágenes. Años después ha sido editado en español un libro (Short Cuts. Vidas Cruzadas) que compila los cuentos de Carver utilizados para el film con un prólogo del realizador en el que cuenta la génesis y el desarrollo de la película, y explica sus intenciones. Extraigo algunos párrafos de esa introducción:Los personajes narran muchas cosas a lo largo de la película, cuentan pequeñas historias acerca de sus vidas. Muchas de ellas son de Carver, o paráfrasis de las de Carver, o están inspiradas en ellas, pues siempre procuramos ser los más fieles posibles a su mundo, teniendo en cuenta el imperativo de colaboración de la película.
Por su parte, los actores se percataron también de que los detalles de los que hablan esas gentes de Carver no son lo principal. Los elementos parecían fleixbles. Podían estar hablando de cualquier cosa. Sin embargo, ello no significa que el lenguaje no fuera importante, sino más bien que el tema no tenía por qué ser X, Y o Z: podía ser Q, P o H.
La cuestión que determina cómo responde la gente a lo que se está diciendo es quién es. No es lo que están diciendo lo que provoca que la escena tenga lugar sino el hecho de que esos personajes estén interpretando la escena en cuestión. De modo que, estén hablando de cómo preparar un emparedado de mantequilla de cacahuate o de cómo asesinar al vecino, el contenido no es tan importante como lo que sienten y hacen los personajes dentro de esa situación, el cómo se van desarrollando.
Estos párrafos pueden tener mucho o nada que ver con algo que dijo Carver en una entrevista que encontré por ahí:Estoy en contra de los trucos que atraen la atención hacia sí mismos, que intentan ser ingeniosos o simplemente abstrusos. El escritor no debe perder a vista el argumento. No me interesan las obras que son todas textura y nada de carne y hueso. Supongo que soy lo suficientemente anticuado para sentir que el lector debe sentirse afectado al nivel humano. Y que todavía hay, o debe hacer, una unión entre escritor y lector. La literatura, o cualquier forma de labor artística, no es sólo expresión, es comunicación. Cuando a un escritor deja de interesarle realmente comunicar algo y sólo tiene como objetivo expresar algo, y ni siquiera muy bien, pues puede expresarse saliendo a la esquina y dando voces. Un relato o un poema o una novela tiene que dar unas cuantas bofetadas emocionales. Se puede juzgar la obra por la fuerza que tengan estas bofetadas y cuántas dé. Si se trata sólo de un montón de viajes mentales o juegos, no me interesa. Las obras así son pura paja: las llevará el viento a la primera ocasión.




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