El teatro tiene dos caras
El dramaturgo y guionista cinematográfico Jorge Goldenberg construyó «Fotos de infancias», su última obra, partiendo de un juego típicamente teatral: los actores se enfrentaron a fotografías de sus propias infancias e improvisaron escenas que desarrollaran los momentos previos y posteriores a la pose fotografiada.
Luego, Goldenberg produjo un texto que, dirigido por su esposa Berta y por Juan Parodi, se transformó en una obra que a la vez desnuda la variedad de procesos interpersonales a través de los cuales se construyen las fotografías, y evidencia los mecanismos por los que se pone en escena un texto teatral.
En «Fotos de infancias» se pone en evidencia el artificio. Cuando el público entra a la sala, se encuentra en presencia de los elementos que compondrán la escenografía y la utilería. Nada está escondido. Unas puertas al fondo del escenario se abren -y permiten ver lo que hay tras bambalinas- y los actores entran cargando el resto de los objetos de utilería.
Los actores son personajes; y los personajes son actores que preparan el escenario para cada uno de los episodios a representar. Arreglan su vestuario, se dan indicaciones, preparan la escenografía, y, cuando no están interpretando a los niños de las fotografías, se quedan sentados a un costado, observando a sus colegas.
El clímax de la obra, en el que los niños que representaban el nacimiento de Cristo se descontrolan bajo la lluvia, es interrumpido por la deserción de los actores, que de a poco abandonan sus papeles de infantes, y es finalizado cuando una de las actrices, moviendo unas poleas, hace descender hasta las mismas tablas el artefacto que creaba el artificio de la lluvia.
Así finaliza la obra, poniendo ante los ojos del espectador hasta aquellos detalles del teatro que suelen estar destinados a permanecer escondidos.
Luego, Goldenberg produjo un texto que, dirigido por su esposa Berta y por Juan Parodi, se transformó en una obra que a la vez desnuda la variedad de procesos interpersonales a través de los cuales se construyen las fotografías, y evidencia los mecanismos por los que se pone en escena un texto teatral.
En «Fotos de infancias» se pone en evidencia el artificio. Cuando el público entra a la sala, se encuentra en presencia de los elementos que compondrán la escenografía y la utilería. Nada está escondido. Unas puertas al fondo del escenario se abren -y permiten ver lo que hay tras bambalinas- y los actores entran cargando el resto de los objetos de utilería.
Los actores son personajes; y los personajes son actores que preparan el escenario para cada uno de los episodios a representar. Arreglan su vestuario, se dan indicaciones, preparan la escenografía, y, cuando no están interpretando a los niños de las fotografías, se quedan sentados a un costado, observando a sus colegas.
El clímax de la obra, en el que los niños que representaban el nacimiento de Cristo se descontrolan bajo la lluvia, es interrumpido por la deserción de los actores, que de a poco abandonan sus papeles de infantes, y es finalizado cuando una de las actrices, moviendo unas poleas, hace descender hasta las mismas tablas el artefacto que creaba el artificio de la lluvia.
Así finaliza la obra, poniendo ante los ojos del espectador hasta aquellos detalles del teatro que suelen estar destinados a permanecer escondidos.




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